viernes, 22 de noviembre de 2013

Malavita

2013, Estados Unidos.
Luc Besson.

Una conocida familia mafiosa americana se traslada a la región francesa de Normandia bajo un programa de protección de testigos del FBI. Aunque hacen lo posible para adaptarse a su nuevo estilo de vida, enseguida se verán obligados a utilizar los viejos métodos para solucionar los problemas familiares. 

Tras visualizar esta película no hay duda que el director de grandes títulos como El Gran Azul y León el Profesional ha perdido muchas facultades. Malavita pretende fusionar comedia y drama sin conseguir dominar ninguno de los dos géneros: Su humor no hace reír y las pinceladas de "drama" parecen una parodia.

El elemento atractivo de la película y con el que juegan para venderla es el dúo estrella que la protagoniza: Robert De Niro y Michelle Pfeiffer. La química entre ellos es indiscutible y cada uno brilla dentro de lo posible pero son dos actores más que desaprovechados por un guión mediocre que arranca con fuerza y se queda ahí, sin nada que contar. Más bien parece un conjunto de gags y varias subtramas de relleno que no aportan nada y que acaban formando una pieza sin más objetivo que el entretenimiento. La guinda del pastel es un final que intenta impresionar y no hace más que reafirmar que la película cojea.  

Es una pena que una idea divertida y con gancho, un director con buen historial y un elenco apetitoso acabe siendo una anécdota fácil de olvidar. El problema reside en el argumento en sí que se conoce antes de verlo por su escasez de originalidad y las tramas sin un objetivo claro empapeladas con un tono confuso. Tal vez sea falta de trabajo o de concentración pero Malavita es una película que puedes ver sin pena ni gloria, sobre todo sin gloria. 



Alba Guillén.

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